lunes, agosto 3

Ahora las calles me envuelven de fétidos pesares que vuelven mi cabeza un lugar inhóspito. Ya no tiene caso caminar cuando los micreros se han vuelto budistas y uno sigue reclamando su condición de estudiante. Ya no tiene caso discutir con artesanos de imposturas y orfebres de miradas, he construido mis propias máscaras y me aferro a ellas como cerrado hocico de cocodrilo. El pantano me ciega con sus vapores, mas el recorrido no ha terminado, el llanto continúa en la virtualidad de las personalidades múltiples, yo mismo como código, la letra delgada y azul, el emoticon preciso.

Laberinto de deshechos, fundiéndome con mi ascendencia adoptada. Callar, hablar, lo original, lo artificial; todo son esencializaciones, coreografías sin fundamento, mitos descompasados.

Prefiero entregarme a la espera agridulce de un despertar lozano, un sendero en otras escalas construido de microtonos desterrados en el pasado, todo en un lugar donde podamos hallarnos.

2 comentarios:

Pájaro Verde dijo...

Tal vez la única alternativa que queda es la esquizofrenia constante y el jugar doble o triple frente a estos choferes budistas o los orfebres omnipotentes...

En todo caso es una buena idea
=P

Angharad dijo...

Atento, cuidado...